Subida al Pico Veleta – 7/8/2011

9 08 2011

Subida al Pico Veleta – 7/8/2011

Esta aventura empieza cuando me veo capaz de seguir un plan de entrenamiento durante más de 3 meses seguidos sin caer lesionado. Antes de esto padecí una inmensa lista de lesiones, algunas fueron de las que pensaba que me impedirían seguir corriendo. Otras no tan contundentes, pero sí de las que durante meses no ves esa luz al final del túnel. Pero lo que parecían muros por los que no se podía pasar, terminaron siendo piedras para solo apartarlas del camino y seguir adelante. Eso es la vida, ¿no?

Me acuerdo ahora de una de las primeras medias maratones de esta pasada temporada a la que fuimos Pedro, su hermano David y yo, en la que tuve el placer de conocer a Javier Rosales. Era la media maratón de Palos de la Frontera, en las que las cuestas me dejaron listo de papeles a mediados de carrera, y tuve que andar durante un buen tramo. Esta era la primera vez que me pasaba en una carrera. Terminé diciendo que de Palos no quería volver a saber ni de las cucharas. ¡Vaya cuestas!

Después llegaron otras como la subida al Santuario de Cabra, con mis AMIGOS Mavesa y Paco_krack.

La media de Morón de la Fra. a El Arahal, vaya la cuestecita del final de carrera. La carrera de Gines, que aunque este año quitaron la peor de las cuestas, tampoco se quedó “llanita”. Y otras muchas en las que me parecía estar viviendo en Los Pirineos, en vez de en Sevilla.

Empecé a temerle a toda carrera en la que hubiera cuestas, porque desde luego que para abajo era un misil, pero para arriba me sentía como un gorrión de 300 kg. en la rama de un árbol.

Otra que se atragantó fue la media maratón de Jerez, a los pocos días del maratón de Sevilla. Gracias a mi amigo David (Jimmy) la terminamos como pudimos.

En algún momento tomé la decisión de participar en la subida al Pico Veleta, pero no recuerdo cuándo exactamente. Lo hice precisamente porque lo peor que se me daba eran las subidas de cuestas, y de alguna manera tenía que enfrentarme a ese problema, desde ese momento buscaba toda carrera que fuera especialmente dura por las subidas. Así que participé en la media maratón de montaña de Tentudía, en la que esa convivencia en la finca Marivazquez de mi amigo Francis y junto a muchos compañeros del club fue algo inolvidable, y en la media maratón desde Córdoba al Cerro Muriano, en la que participé junto a mi amigo Daniel. En estas dos carreras tenía la impresión que el reto del Veleta sería demasiado para mí, y a punto estuve de dejarlo “para otra ocasión”.

Con lo mal que lo pasé en la media maratón de Tentudía, le comenté a mi entrenador Manu Chaparro cuáles fueron mis sensaciones, y este me diseñó un plan especial para afrontar la subida al Pico Veleta. Ya me advirtió que habría sido necesario más tiempo para poder trabajar mejor en gimnasio las zonas que no iban bien para las subidas, y que tras 3 semanas de hacer 3 x 3 x 30 extensiones de cuádriceps y 3 x 3 x 20 sentadillas con barra (entre otros ejercicios), tendría un atrofiamiento que después iría a una mejora, cosa que ocurrió exactamente como lo predijo. Sin esto y su recomendación de hacer un test en el mismo Veleta el pasado 10 de julio sobre los últimos 20 kms, sin duda me habría arrepentido de haberme inscrito a esta prueba.

En cuanto al material e indumentaria recomendable, contaba con el asesoramiento de Fernando Chacón en su tienda Evasion Running Sevilla. Me trajo las zapas Brooks Glycerin 9, que no estaba prevista su llegada hasta septiembre. Y de vital importancia fué su recomendación de usar las mallas de compresión Cw X Pro Shorts, una maravilla.

El mes de julio pasa a ser el mes que más kilómetros he rodado desde que corro, llegando a rodar 300 kms, algunos más que en enero para preparar el maratón de Sevilla. La diferencia es que en enero somos muchos los que entrenamos juntos, y en julio sólo mi cuñado Javier “el Pretoriano” estaba en Chipiona para salir a rodar juntos por las cuestas del parque eólico de Sanlúcar de Bda. Ahí queda para el recuerdo esas tiradas los martes y jueves del mes de julio desde Gines con algunos compañeros de su club Pretorianos de Tomares, como el amigo Potaje y la amiga Juani, que nunca faltaron y prepararon rutas específicas para mi preparación hacia El Veleta.

Después de todos estos preámbulos llegamos al mes de agosto con todas las dudas del mundo de si había sido suficiente esta preparación, y el sábado 6 de agosto mi cuñado Javier y yo viajamos hacia Granada en donde nos reuniríamos con Pedro y su esposa Cristina en el hotel, justo delante de la salida de la carrera. Salimos por la tarde a recoger los dorsales, y de vuelta a cenar y descansar para el gran día que estaba a punto de comenzar.

El despertador lo pusimos a las 5 de la mañana para ir a desayunar en una sala que se había habilitado especialmente para los participantes de la carrera. A las 6:15 ya salíamos para guardar las maletas en el coche y dirigirnos a la línea de salida. Pedro se retrasó unos minutos y llegó muy preocupado porque había olvidado la vaselina en una maleta. Menos mal que justo delante nuestra había otro corredor con un tarro en la mano que le hizo el favor de darle un poco.

Conocí allí mismo a algunos ilustres foreros de elatleta.com como Landes, Duquito y Elzelu. Poco después nos encontramos con Harol y algunos compañeros suyos de Los Jartibles y a algunos corredores de otros clubes de Sevilla como Los Lentos de Torreblanca y Pretorianos de Tomares. Nos hicimos algunas fotos todos juntos delante de la línea de salida como representantes de nuestra provincia.

La salida fue sobre las 7:25 h. y dimos 2 vueltas al paseo del Bomba para salir dirección a Cenes de la Vega. En ese tramo la carrera era una fiesta tal vez provocada por el momento esperado por todos durante tantos meses de duro entrenamiento.

Pedro y yo mantuvimos el ritmo previsto de 6 min/km hasta cruzar el río Genil al pasar Cenes de la Vega, íbamos haciendo piña con los únicos 3 Pretorianos que participaron en esta edición. Eso fue hasta que llegó de golpe la primera cuesta, y toda la gente que llevábamos alrededor se fueron para adelante poco a poco. El Garmin indicaba que si nos íbamos con ellos, lo íbamos a pagar más adelante. Así que a nuestro ritmo volvimos a rodar junto a otros participantes de Alicante, del que uno de ellos que llevaba varias ediciones a sus espaldas, iba dando recomendaciones y dando voces de ánimos a los demás. Cuando nos llegó la hora de andar por primera vez sobre el km 15, ya nos quedamos de nuevo solos para mantener el ritmo que habíamos previsto.

Al salir a la carretera general dirección a Sierra Nevada, mi cuñado Javier y Cristina (esposa de Pedro) nos pasan en mi coche para esperarnos un poco más adelante y darnos soporte de agua fresca y un plátanos que nos dio la vida. Después de El Dornajo no los dejaron pasar con el coche, y ahí viene otras de las sorpresas, y es que les dejamos unos botes para que lo rellenaran de isotónica, nos lo trajeron montados en un vehículo todoterreno de protección civil. No se que les contaron, pero nos lo hicieron llegar.

En un tramo de la carretera antes de llegar a El Dornajo, Pedro y yo nos llevamos nuestra primera sorpresa cuando vemos una pintada en el suelo con spray en la que leemos nuestros nombres y Club Marathon Mairena. Ambos nos quedamos a cuadros y nos preguntamos quien lo habría puesto.

Hasta ese momento las sensaciones eran bastante buenas, dentro de lo que cabe esperar. Yo que temía a que algunos de mis puntos débiles hicieran aparición como alguna ampolla (como en la travesía Pretoriana desde Tomares al Rocío) o molestias estomacales por tomar mezclas de barrigas, isotónicas y agua. Ninguna de estas cosas ocurrió, pero lo que pensaba que estaba bastante trabajado como es el vasto interno, me falló primero el de la pierna izquierda y al poco la derecha. Eso fue sobre el km 25, en el que correr cada vez era más doloroso.

Sobre el km 27 volvemos a encontrarnos con otra pintada en el que nos daban ánimos a nosotros con el escudo del club, en ese momento le dije a Pedro que me apostaba un huevo a que eran Paco y Manuel, no uno u otro, sino los dos que estarían por allí. Esto como cualquiera se puede imaginar, te pega un subidón que te empuja a llegar hasta lo más alto de la montaña.

Más adelante, sobre el km 35 el dolor se estaba volviendo ya en una tortura, y le dije a Pedro que tirara hacia delante. El me esperaba, el cinturón con el líquido con el que yo salí me lo pidió mucho antes para intentar aliviar lo que pueda, pero casi me tuve que parar para que él siguiera adelante. Le costó muchísimo, pero tras mi insistencia continua accedió a mantener su ritmo. En este tramo encontré en la cuneta siendo atendido a unos de los alicantinos que también intentaban por primera vez, llegar al punto más alto de la península ibérica.

Ese momento es el que solo el coco te puede ayudar a no quedarte clavado y esperar al coche escoba. Me mantenía en movimiento pensando en un mensaje que me mandaron mis 2 hijas la noche antes en el que me decían que seguro que lo iba a conseguir. Eso me llevó hasta la Hoya de la Mora a 12 kms de la meta, allí esperaba encontrar a mi cuñado para acompañarme el resto del camino tal y como lo habíamos planeado, pero no estaba solo. Allí me llevé la inmensa sorpresa de que mis amigos Manuel y Paco estaban esperándome con la bandera del club para llevarme en volandas hacia el mismo Pico Veleta.

Le pedí a Javier los bastones para ver si con ellos los dolores de ambos vastos internos al menos no me impedían seguir aunque fuera andando el resto del camino.

Aunque más adelante me sobraban los bastones, las gafas de sol y la gorra.

Mis amigos habían llenado todo ese tramo de pintadas de ánimo. ¿Así quién no termina esta prueba?

Solo la compañía de Javier, Manuel y Paco, me daban los ánimos para dar otro paso, y otro, y otro. Llegar hasta la siguiente curva, cruzar la siguiente recta, otra curva y otra recta. Así de vez en cuando miraba el Garmin, y siempre quedaban 5 kms.

Al pasar muchísimo tiempo lo vuelvo a mirar y todavía quedaban 5 kms. Llegamos a un puesto de avituallamiento mucho más adelante en el que pregunto y me dicen que “solo” quedan 5 kms.

Creo que conseguí poner mi mente en blanco y no pensar en nada, porque de buenas a primera me dice Paco que la meta está en esas banderas que estamos ya viendo. De momento no sabía si era un espejismo, o de verdad era ya la meta. Así que aligeramos el paso todo lo que pudimos para comprobar que era cierto. ¡Ahí está la meta!.

Sin saber el tiempo que tardé, pregunte a los cronometradores y me informaron que mi tiempo fue de 7:29 horas. Dado que mi objetivo era el llegar a la meta dentro de la 8 horas que daban para terminarla y que quedaran microbuses para bajar a Sierra Nevada, me doy por muy satisfecho del tiempo conseguido.

Allí arriba me quedé con Paco, mientras que Javier y Manolo bajaron corriendo hasta Sierra Nevada donde nos esperaban a Pedro y a nosotros para después recoger nuestros trofeos y tomar una cerveza y unos sandwiches antes de despedirnos. Mientras Pedro y yo estábamos estirando, aparca un Mini junto a nosotros, y se baja Chema Martínez con la familia, que lo más seguro es que esté allí entrenando, lo saludamos y nos firmó nuestros respectivos dorsales. Un buen broche para un gran día en el que se conjugaron deporte, aventura, fuerza mental y sobre todo amistad, especialmente la de Pedro, Javier, Paco y Manuel.

A todas las personas mencionadas en esta crónica les quiero agradecer su colaboración en este logro, y a tantas otras que han creído que lo podía conseguir y me lo manifestaron de palabra o por escrito.

Quiero dedicar la que de momento es mi mayor hazaña deportiva a mi esposa Carmen, por tener la paciencia de aguantarme durante todos estos meses anteriores en los que todos los días me iba a entrenar desde las 19:45 hasta las 22:30 h., sin haber puesto una sola queja.

PD: No se si estoy majareta, pero ya pienso en el año que viene 😉

Anuncios




ESOS LOCOS QUE CORREN

22 04 2008

Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.
Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan championes con aire y zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados. Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo.
Están tratando de ganarle a alguien.
Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.
Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competencia.
Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años.
Son hombres y mujeres.
No están bien.
Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.
Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.
Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.
Son sus referencias de carrera: “Cinco que corren parecido a mí”.
Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.
Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.
Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.
Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.
Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.
No las preparan… pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta.
No las preparan…son parte de ellos.
El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo, el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar, el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.
Disfrutan al largar, disfrutan al correr y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.
¡Qué ganaron una vez más!
No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar.
Son raros.
Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente por que no están bien.
Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.
Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice “Llegué -Tarea Cumplida”.
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos.
Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.
Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10.
Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal.
-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde.
-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.
Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.
Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.
Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no se banca tanto silencio.
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.
Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.
Pican, frenan y vuelven a picar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte.
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.

Marciano Durán
Marzo 2008





Huyendo del tabaco

4 09 2007

imagen-tabaco.jpg

El 29 de julio de 2004 mientras estaba de vacaciones con mi familia en Andorra, decidí dejar el tabaco para el resto de mi vida. No iba a ser fácil, puesto que ya lo había intentado varias veces sin éxito. Llegué a estar sin fumar hasta 5 años y, no recuerdo el motivo, pero volví a ser fumador. En otras ocasiones fueron periodos de 15 meses, otros de 3 meses, pero siempre recaía.

Además de fumador, iba ganando peso poco a poco, sin darme cuenta. Hasta que llegué a pesar 102 kg. El día que ví este peso en la báscula de una farmacia, fué tal el impacto que comencé a mentalizarme verdaderamente de que tenía que pensar en una estrategia para corregir todo lo que hacía en detrimento de mi salud, aunque nunca tuve algún problema por ello, pero lo veía venir.

Como ya había probado las pastillas “milagrosas”, los parches de nicotina, los chicles y algunos métodos más, necesitaba información sobre mi enemigo: la nicotina. Necesitaba saber algo más para no seguir en desventaja, y así fué como me enteré de un libro del que hablaban algunos ex-fumadores muy bien. Este libro se titula “Es fácil dejar de fumar si sabes cómo”, de Allen Carr http://www.comodejardefumar.com/.

Para mí fué una grandídima ayuda para crear la estrategia que me ayudaría a dejar el tabaco para siempre, con conocimiento de como actua la nicotina y por donde escaparse de sus garras.

Necesité alguna semana para decirme sobre qué día iba a ser el definitivo, ya que tenía que reunir algunos requisitos. Uno era de estar 100% convencido que lo iba a conseguir. El segundo, era que necesitaba estar muy concentrado, y para ello aproveché las vacaciones que muy pronto llegarían. En tercer lugar, tenía que involucrar a una persona a la que quisiera más que a mí mismo para comprometerme con mi palabra con ella, y fué mi hija pequeña.

Con todos los ingredientes reunidos en mi estrategia, el 29 de julio de 2004, el día del santo de Marta, le pregunté que si prefería que le comprara un regalito o que yo dejara el tabaco para siempre, y ella me respondío un poco escéptica que lo segundo, diciendo ¿pero de verdad que para siempre, o hasta que terminen las vacaciones?. Mi respuesta fué definitiva: me comprometo ahora mismo contigo a que será para toda la vida.

Así terminamos nuestra estancia en Andorra y fuimos a la casa de mis suegros en Chipiona a pasar el resto del mes de agosto. Yo con mi tremendo mono, los primeros días no quiero ni acordarme, sobre todo de una barbacoa que hicimos entre unos amigos, donde habían un par de ellos que fumaban y no paraban de ofrecerme tabaco por “olvido”.

Llegó primeros de septiembre, y me inscribí en un gimnasio que estaba cerca de casa. Tras un reconocimiento médico, la doctora me hizo un informe con los ejercicios que me recomendaba y los que me prohibía. Dentro de los permitidos estaba el aqua-gym (que no tiene nada que ver con el gintonic), andar en la cinta y pedalear en la bicicleta estática con respaldo.

Así estuve durante los primeros meses, haciendo regularmente deporte entre 4 y 5 días a la semana, y aumentando progresivamente tanto el tiempo como la intensidad. El cuerpo lo iba pidiendo cada día. Solo me privé al principio de los refrescos de cola, pasteles, fritos y chacinas. Poco a poco empecé a notar los resultados y cada vez me animaba más.

Cuando llevabá unos 5 meses en el gimnasio, un día que me ví con fuerzas mientras andaba en la cinta, me animé a dar una pequeña carrerita de 1 o 2 minutos, mirando previamnte a mi alrededor para controlar quién me iba a ver corriendo, ma daba hasta verguenza. Ese fué el principio del veneno del running. Nunca me había imaginado antes que aunque hasta los 20 años hacía mucho deporte, a mis 40 años iba a empezar una nueva vida muchísimo más saludable que la de los anteriores 20 años.

A partir de ese momento y con la constancia como principal argumento para el éxito, empecé una progresión en el estado de mi forma física, bajando poco a poco el peso sin excesivos cambios en la alimentación, solo dejé lo que dije 2 párrafos antes. Más que un severo régimen de comidas, poco a poco modifique mis hábitos de alimentación, tomando más frutas, verduras, zumos naturales y pastas.

Compré un peso para mi casa, y cada día apuntaba el peso a la misma hora, recién levantado. Mis ánimos iban a más, ya que cada semana iba notando la diferencia con la anterior. Aún lo sigo haciendo para controlar que estoy como me propuse en su momento, me encanta recrearme con mi objetivo conseguido, 75 kg. En verano tomo 2 0 3 kilitos que recupero en un par de semanas sin esfuerzo apenas. ¡Qué pasada!.

Había pasado ya más de un año de progreso corriendo en la cinta del gimnasio y saliendo temprano las mañanas de sábados y domingos a correr por el Paseo Juan Carlos I (junto al río Guadalquivir), cuando junto a mi cuñado Javi nos inscribimos en nuestra primera carrera popular, la del distrito Macarena. Íbamos los 2 muy cortados, viendo a los otros atletas que tanto por sus indumentarias como por sus fortalezas, parecía que nos íbamos a quedar solos nada más dar la salida. Pero no fué eso lo que ocurrió. Tras el pistoletazo, cada corredor iba tomando su posición y a los más preparados no volví a verlos, y nos fuimos quedando en el grupo todos los que estábamos de igual estado físico. Los 10 km de la prueba se hicieron cortos, ya que disfruté por participar y de vivir ese ambiente del que hasta entonces no conocía. El ritmo de la carrera fué lo de menos. Es más, ni sabía aún nada sobre ello.

A las pocas semanas nos inscribimos a la segunda, después a la tercera, cuarta, quinta…, ya estábamos los 2 pendientes de cada carrera que se celebraba en Sevilla o la provincia para ir a las que otras obligaciones nos permitieran. En cada una nos regalaban una camiseta de recuerdo, hasta llenar el ropero y empezar a regalar a la familia algunas de ellas. Además de la mejora del estado físico, empecé a conocer a otros corredores en los que coincidíamos en carreras y/o entrenamientos, sumando cada vez más unos amigos con los que compartir experiencias.

Todo bien, hasta que empezaron a llegar las primeras lesiones.

2007-02-11_2221.jpg

En febrero de 2006, salí a ver el maratón de Sevilla a la calle. Ví que los atletas que participaban tenían edades entre los veintipico a los sesenta y pico años. Por supuesto atletas muy preparados, pero ¿por qué no podría yo hacerlo dentro de un par de años?. Ese fué el momento en que me entraron prisas para mejorar cada vez más. Y empecé a forzar. Cada vez las distancias eran mayores, y el ritmo fué aumentando. Compré un pulsómetro para controlar las pulsaciones del corazón y no hacer alguna barbaridad.

El primer dolor fué del antetibial anterior derecho, que me permitía correr, pero con dolor después de parar. El segundo fué peor, mientras iba entrenando dirección al huevo de Colón, la rodilla derecha me dió un latigazo y tuve que parar en seco. Si andaba no me dolía, pero correr no podía. El dolor estaba localizado en la parte externa de la rodilla derecha. Pregunté a otro atleta con más experiencia que si conocía a algún fisioterapeuta para que me lo recomendara, así fué. Pedí cita con Miguel Paez, de San José de la Rinconada. Fisioterapeuta, osteópata y preparador físico. Me diagnosticó un síndrome de la cintilla iliotibial http://www.mundoatletismo.com/Site/medicina/citillailiotibial.html En 4 o 5 sesiones, el problema estaba resuelto.

Peor aún la facitis plantar en el pié derecho, que me tuvo en el dique seco más de 3 meses, y otros cuantos meses más corriendo sin estar totalmente recuperado, poniéndome una plantilla recortada para minimizar el contacto. Cuando retomé el entrenamiento con cierta normalidad, estaba la media maratón de Los Palacios en diciembre de 2006 a solo 2 semanas, no creía que estuviera mínimamente en forma para afrontarla, pero unos amigos en el gimnasio me animaron y al final me inscribí el último día.

2006.jpg

Tal vez fuera por las ganas que tenía de correr y el tiempo que llevaba esperando ir a una carrera, pero la hice junto a mi cuñado Javi en un tiempo de 2h. 3min. aunque el tiempo para mí fué lo de menos. Siendo mi primer media maratón, creo que fué la carrera en la que más he disfrutado de todas las que he hecho hasta el momento. La anécdota fué que iba corriendo Papá Noé y nos adelantó hasta repartiedo caramelos a los niños que estaban animando durante el recorrido.